El otro día, paseando por la calle, me encontré con un antiguo compañero de clase. Rápidamente nos pusimos al día sobre nuestra vida cotidiana... Que si la familia, que si el trabajo, que si los viajes, que si los hobbies... Vamos, que al final conversamos casi una hora, plantados en medio de una céntrica plaza, cotilleándonos mútuamente.
X se mostraba muy preocupado por un aspecto, la crisis actual. Esta fue la palabra más repetida a lo largo de la charla: "A Pepito lo han despachado de la empresa porque con la crisis ha bajado el volumen de trabajo... Fulanito tiene problemas con la hipoteca del piso nuevo, su mujer lleva en paro desde que cerró la fábrica, ya sabes... por la crisis. Zutanito se va a vivir al pueblo, porque con la crisis no encuentra un trabajo digno...". Vaya, el fantasma de la crisis por todas partes.
Dejando de banda la grave situación económica, las personas deberíamos afrontar estos problemas con una actitud más optimista. Es cierto que hay casos muy preocupantes, pero la exageración ha ganado mucho terreno últimamente, sobretodo como excusa general a casi todo.
En el mundo de la comunicación una de las características básicas del buen profesional consiste en saber transformar la presión en motivación. Hay muy pocas marcas que entiendan que, en momentos difíciles como este, la comunicación es más importante que nunca para vender. Porque en el fondo, la situación representa una gran oportunidad también para crecer. Se ha terminado para siempre la era de las marcas arrogantes que interrumpen la vida de la gente hablando de ellas mismas. Ahora es al revés, ahora es la gente la que decide interactuar con las marcas. En sus términos y en sus condiciones, estamos asistiendo a la revolución de la web 2.0 con la eclosión de las redes sociales y la personalización del mensaje.
Con las personas ocurre prácticamente lo mismo, mediante la comunicación transmitimos toda una serie de inquietudes y esperanzas al interlocutor, quien decide si corta el feedback o aguanta el rollo, es cuestión de prioridades.
Por cierto, me hizo mucha ilusión charlar con mi amigo X, gracias a él he decidido no hablar más de crisis en lo que resta de año.


Gran parte del panorama televisivo actual es bastante deplorable. La parrilla de programación, en materia de educación, todavía deja mucho que desear. Las cadenas insisten en sacrificar buenos contenidos por la difusión de espacios penosos que generan una competencia feroz, que atonta a los telespectadores y nos meten con calzador cada día. Vamos por mal camino, vamos mal.




