
Hablemos claro. La tecnología está avanzando a pasos agigantados y se impone en nuestras sociedades con una fuerza y un poder mágico que nos convierte en siervos de las novedades. Hoy en día cualquier "cacharrito" tiene conexión a Internet y precisa del mundo virtual para tener una razón de uso, en muchos casos requiere navegación online para que funcione de por sí (móviles, PDA's, consolas portátiles, GPS's, relojes...).
Es impresionante la evolución de la electrónica de consumo en el transcurso del pasado decenio, estamos pasando del off al on de forma apresurada, quizás demasiado rápido. Hoy en día, cuando acaba de presentarse una novedad en el mercado, de fondo se entrevé algo más avanzado sin apenas darnos tiempo de digerir estos cambios. Por poner un ejemplo muy gráfico, cuando acaban de salir los primeros televisores con tecnología Led al mercado (mejorando cualitativamente la imagen), ya están anunciando la aparición de los nuevos televisores con full HD 3D, es decir, la evolución natural del televisor "convencional". La ingeniería devora nuestro asombro. Así es el mundo en que vivimos la minoría privilegiada de los países desarrollados.
Estos cambios nos afectan a todos, sin excepción, porque los productos "de nueva generación" aportan características dirigidas al consumo directo, concebidos "para hacernos la vida más fácil" en un mercado global y creciente, resulta evidente que su avance es imparable. Sí, nos están convirtiendo en personajes tecnosexuales, casi sin quererlo. El término tecnosexual no es nuevo, lleva ya años existiendo y define a la persona (generalmente un hombre) al que le gustan el diseño y admira el mundo de los gadgets (dispositivos electrónicos). Este neologismo fue acuñado por primera vez por el creativo Ricky Montalvo, considerando así a quienes le gustan el modo de vida urbano y los aparatos electrónicos; sienten atracción por la electrónica en general, y todo lo relacionado con la informática y la Red. Cada vez somos más.
Una cosa es impepinable, la tecnología debe servir para hacernos la vida más cómoda... Debe estar al servicio de los humanos, aportando valor, si no es así pierde todo su sentido, por no hablar del atractivo que destila la funcionalidad de un producto bien diseñado. La próxima generación de usuarios debe tener muy clara esta posición, es vital para seguir siendo lo que somos: personas.









