Hace tiempo que pensaba escribir en el blog sobre un asunto que todavía me saca de mis casillas: las llamadas telefónicas de comerciales. Hay quien las disfruta y hay quien las sufre constantemente, como yo, pero creo que todos hemos vivido esta singular experiencia alguna vez en la vida. Nos guste o no.
A estas alturas, todavía me sorprende la agresividad que emplean algunos comerciales intimidando a los consumidores. En los tiempos que corren las técnicas de venta se convierten en un arma inoportuna con un objetivo fijo: vender a quien sea a toda costa... El caso es que muchas veces, usando todo tipo de artimañas, consiguen atrapar a gente menos hábil, o de buena fé (sobretodo target tercera edad). La metodología habitual, totalmente sistematizada, consiste en avasallar con preguntas contínuamente, encontrándote inmerso en un interrogatorio... Qué pesadez, oiga. Si insisten es porque debe funcionar. Deberían replantearse la estrategia y conocer las posibilidades de conversación que ofrecen los Social Media.
Lo más grave ocurre cuando te llama un robot, a cualquier hora del día, que "te invita" a telefonear a un número sospechoso. Esto ya es demasiado. Si normalmente desconfío de las llamadas ocultas, imagínate haciendo caso a un chisme de esos... Me niego rotundamente. Por suerte existen soluciones eficaces, creadas por la FECEMD (Federación de Comercio Electrónico y Marketing Directo) para excluirte de las listas comerciales. Es un derecho.
Remedios aparte, a veces se dan situaciones muy graciosas. Me comentaba un amigo, quien curiosamente es comercial de seguros, que cuando le llaman a casa ofreciéndole cambiar de compañía telefónica, tarjeta de crédito o similares él siempre responde de forma insólita: "Pues verá usted, actualmente no me interesa su oferta... pero ¿tiene usted póliza de seguros? Le ofrezco las mejores condiciones del mercado (y bla, bla, bla...)". Generalmente le cuelgan el teléfono apresuradamente, sin responder. Mi amigo X se vanagloria de sus hazañas, porque siempre les paga con la misma moneda. A ver si se modernizan y comienzan a utilizar las herramientas de la web 2.0 para conversar elegantemente con las personas, en vez de molestar con interrogatorios fuera de contexto... ¡Hombre, ya!

El otro día, paseando por la calle, me encontré con un antiguo compañero de clase. Rápidamente nos pusimos al día sobre nuestra vida cotidiana... Que si la familia, que si el trabajo, que si los viajes, que si los hobbies... Vamos, que al final conversamos casi una hora, plantados en medio de una céntrica plaza, cotilleándonos mútuamente.




