En ocasiones sentimos la necesidad de cambiar. Nunca ha resultado tarea fácil, en ningún contexto. En lo profesional, existen varias formas de cambiar el rumbo de nuestra empresa: “renovarse o morir”, un intrépido concepto que alberga grandes esperanzas... ¡Menudo dilema más grande!
La estrategia del cambio es una acción habitual entre los directores de marketing y, generalmente, temida por los directores de empresa (quienes nos advierten del riesgo de “meternos en patatales”) . Es cierto que la idea emprendedora, si no está en buenas manos, podría empeorar la situación... En ocasiones el planteamiento puede ser correcto, pero la decisión final es la clave. El marketing lateral no es tarea fácil y suele acarrear auténticos quebraderos de cabeza.
Pero, ¿quién no conoce marcas que, de un día para otro, renuevan completamente su imagen y sorprenden a sus clientes y consumidores habituales con un producto diferente? Pues bien, eso es salirse de lo común, destacar entre el montón… eso es una estrategia lateral (las hay de muchos tipos). Un buen ejemplo es la familia iPod de Apple, cuyo máximo exponente es el flamante iPhone 3G, una virguería electrónica que promete un futuro exitoso para la marca.
El target percibe esos cambios, reflexiona y elige aquello que más le convence. Conseguirlo requiere altas dosis de creatividad, responsabilidad, rigor y, sobretodo, un buen equipo.
El cliente es cada vez más exigente y debemos mimarle para mantener su atención y buscar su complicidad en todo momento (cuando centramos nuestros objetivos en la venta). No hay empresa ni negocio que opine lo contrario, los resultados mandan y la creatividad original tiende a escasear. Los consumidores quieren ser seducidos, que les propongan nuevas soluciones, que les aporten más calidad de vida, que les ahorren tiempo, quieren percibir ese producto como algo pensado en ellos. El cliente quiere cambios y los quiere ya… y cada vez más rápido. Se acabó aquello de seguir la corriente, se valora mucho el factor sorpresa, la originalidad, la frescura, y el buen hacer.
El marketing lateral crea “situaciones de vacío”, evita los planteamientos verticales, un concepto clásico, propone siempre cambios radicales en el ciclo de vida del producto o servicio que ofrecemos, en su forma, aspecto, o funcionalidad. En su origen parecen ideas absurdas, surgidas de una sesión de brainstorming surrealista, pero bien desarrollado generan apertura a nuevos mercados, diferenciación de la competencia, posicionamiento pionero y, sobretodo, renovación de imagen.
El pensamiento lateral prima frente a la lógica de lo común... ¿O acaso alguien apostaba por los aviones hace un siglo?
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