Básicamente uno crea un blog con el objetivo de transmitir sus inquietudes y conocimientos a los demás. Empieza como una fórmula para experimentar en el espacio, para ordenar el conocimiento, compartir y conversar, como medio de expresión (personal y profesional). Pero quienes redactamos un blog sabemos que requiere de altas dosis de disciplina y una constancia ejemplar.
Me siento afortunado de poder escoger esta opción, porque es una buena forma de experimentar con todas sus posibilidades tecnológicas, aprendes pronto a enlazar texto con imágenes, vídeos, webs, a mejorar tu nivel de HTML y esas cosas. Te vuelves muy moderno, sí. Además conoces a gente interesante por el camino, quienes comentan tus posts y/o critican tus contenidos. Es agradable.
A sabiendas de la supuesta competencia de las redes sociales y de Twitter, creo difícil desbancar el blog como espacio de reflexión personal y de comunicación relajada. Navegas sin la presión que supone la inmediatez del nanoblogging o del maremágnum ingobernable de Facebook. Para mí, son espacios complementarios, experiencias que se retroalimentan. Cada vez más.
Sí, el uso del blog me ha posibilitado un upgrade personal. Me siento positivo porque controlo el flujo de la información que publico. A contracorriente de la mayoría de los mass media, un pececillo feliz que disfruta nadando libremente por el enorme océano que representa internet. Suerte que tengo blog.
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